Pero su influencia va mucho más allá de sostener órganos.
El cuerpo humano está organizado verticalmente — piensa en la musculatura y los nervios, viajan longitudinalmente — y ciertas estructuras horizontales actúan como válvulas que regulan todo ese sistema: el suelo pélvico, el diafragma, la cintura escapular. Juntas gestionan las presiones internas del cuerpo, la respiración, la circulación arteriovenosa, la circulación linfática... El suelo pélvico y el diafragma se influyen de forma recíproca y constante: no hay buena respiración sin un suelo pélvico que funcione bien, y viceversa.
¿Cuándo pensamos en el suelo pélvico?
Normalmente cuando más en riesgo está: en el embarazo, el parto y el postparto. Y tiene sentido, porque un suelo pélvico débil o lesionado da una sintomatología muy reconocible — pérdidas de orina o heces, dolor espontáneo o durante ciertas actividades.
Pero hay muchos otros factores que lo afectan y que no siempre relacionamos con él: los cambios hormonales como la menopausia, la alimentación y la hidratación, ciertos medicamentos como los diuréticos, el deporte de impacto, el pilates mal enfocado o el estreñimiento crónico.
Síntomas que no reconocemos
Lo más interesante — y lo que más se pasa por alto — es que el suelo pélvico puede estar detrás de dolores que no identificamos como suyos: una lumbalgia, incluso con irradiación hasta la mitad de la pierna; dolor sacro, en la articulación sacroilíaca o en el cóccix; dolor al sentarse…
Y hay algo más que llama la atención: el suelo pélvico se ve influido por la pisada, especialmente por el apoyo del dedo gordo del pie. Sí, ese que muchas veces está desviado por un juanete. Y a su vez influye en la movilidad de toda la pelvis.
Débil no es lo único que puede salir mal
Un suelo pélvico también puede estar hipertónico — contracturado — ya sea por debilidad y sobresfuerzo, por exceso de entrenamiento de impacto, o incluso por estrés e incapacidad para la relajación (apretar el culo es una forma de vivir la vida también).
En estos casos, hacer más ejercicio específico no es la solución. A veces el suelo pélvico — y más cosas en la vida — necesita aprender a soltar, no a apretar.
No todo es Kegel
Para tratar cualquiera de estas situaciones es imprescindible una buena profesional que sepa buscar el origen del problema y abordarlo desde todos los ángulos necesarios, no solamente pautando ejercicios. El suelo pélvico importa en todas las etapas de la vida — no solo en el postparto. Cuanto antes lo cuidemos, mejor.